Apuesta por modernizar el Estado con IA necesitará de profesionales capaces de desarrollar y auditar modelos para su óptima ejecución
La aprobación de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2026-2030 (ENIA) marcó un hito en la política tecnológica del país: por primera vez, el Estado cuenta con una hoja de ruta común para incorporar la IA en sus instituciones. Pero detrás del anuncio, existe un potencial cuello de botella que ningún decreto puede resolver de la noche a la mañana: la escasez de expertos en el uso, desarrollo y evaluación de estas herramientas.
En ese sentido, uno de los retos del país está en la formación de profesionales capaces de impulsar usos más allá de ChatGPT, Gemini o Claude. “La base de la inteligencia artificial es la computación y las matemáticas, y hoy incluso existen especializaciones en ciencia de datos, maestrías orientadas al reskilling y upskilling, que van a ser cada vez más relevantes de cara a la implementación de nuevas estrategias”, sostiene Jesús Bellido, decano de la Facultad de Computación de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC).
El experto consideró que la expansión de la inteligencia artificial plantea la necesidad de revisar la formación universitaria y la pertinencia de algunas carreras frente a los cambios del mercado laboral. Indicó que, si bien algunas actividades podrían automatizarse, también surgirán nuevas oportunidades profesionales vinculadas a esta transformación tecnológica. “El mundo apunta a ser tecnológico. No podemos imaginarnos medicina, derecho, mecánica o cualquier industria sin la ayuda de la inteligencia artificial”, concluyó.
En ese sentido, agregó que, el ámbito educativo, la incorporación de las IA debe considerar el proceso de aprendizaje de los estudiantes y evitar que estas herramientas sustituyan habilidades como la comprensión lectora, el pensamiento crítico o la resolución de problemas. “Puedo tener la tarea o el proyecto hecho en dos o cinco minutos, pero no aprendí nada. La inteligencia artificial debe usarse para acompañar al estudiante en su proceso de aprendizaje, no para saltárselo”, afirma Bellido.
Articulación inteligente en favor del ciudadano
La Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2026-2030 (ENIA) constituye una base inicial para ordenar los esfuerzos públicos vinculados a esta tecnología, aunque deberá actualizarse conforme avance su desarrollo. “Ya hay varias cosas que se vienen haciendo con inteligencia artificial de manera no regulada y aislada en distintas instituciones. Esta estrategia no es el camino final, pero sí determina ciertas bases que cada institución pública debe seguir”, agrega Bellido.
Es importante señalar que, la ENIA 2030 involucra principalmente a las instituciones públicas, que deberán designar un oficial de inteligencia artificial para dar seguimiento a la implementación de estos lineamientos. Uno de los aspectos abordados por la estrategia es la posible mejora de los servicios públicos mediante la automatización de procesos, lo que podría contribuir a reducir tiempos de espera, costos operativos y márgenes de error en determinados trámites estatales.
“El principal dolor que todos tenemos al momento de hacer un trámite en el Estado es el tiempo de espera. Con la automatización apalancada en inteligencia artificial, estos tiempos podrían reducirse significativamente”, indicó Bellido. Sin embargo, precisó que la existencia de una estrategia no garantiza por sí misma resultados concretos, pues su aplicación dependerá de factores como la capacidad institucional, el presupuesto disponible, la infraestructura tecnológica y el talento especializado.
